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sabor

Voy a cerrar los ojos y cuando los abra vas a estar vos. Con dos chupetines rojos y los dientes desnudos. El color rojo es rico en todas las golosinas y en todas las partes del cuerpo tuyo con ese tono.

una mujer

Había dos veces una mujer; una vez de día y una vez de noche. Todo el día y toda la noche. Entonces había siempre una mujer para que no me olvide del instinto. Había una mujer con una sonrisa que me perseguía por todos los pensamientos y los rincones. Y con el viento en la bicicleta se ponía más insistente. Con el sol y con la luna. Había dos veces una mujer; Una vez cuando la veía; hermosa, de adelante, de atrás y de los costados emanando sonidos hermosos perfectamente ecualizados. Y otra vez cuando sin verla, la sentía por adelante, atrás y en los costados. Había unas cuantas veces, una mujer que me inundaba. Y salían las flores y las ciruelas. Había una vez una mujer en el medio de mi frente y de mi lengua que desparramaba rojos. Pero un día, colorín colorado, se destiñó. Se me salió por algún agujero.

dos o tres

ojalá no sepa tu nombre pero sepa tus mañanas. Dos o tres. y que en esas mañanas haya un perro peludo recostado en el suelo  café con leche y unos besos que me alcancen hasta hoy.

ojalá

ojalá que este jueves no, el otro vengas y me des un beso grande.

situación de amarte

Vamos a tomar un ejemplo: Tu pera. O mejor dicho tu mentón, para no confundir con el fruto. Yo amo tu mentón y lo reconozco por sobre todos los mentones de todas las personas que tienen mentón. Lo mismo pasa con tu ombligo y tu labio de arriba. Cualquier pedacito de vos es imprescindible, bello y significativo. Cuando veo a tu mamá es imposible no apreciarla, porque te amo y ella te dio vida. Hay un enamoramiento biológico inevitable. El mismo patrón se repite con tu perro y con el termo naranja de tu casa.