Había dos veces una mujer; una vez de día y una vez de noche. Todo el día y toda la noche. Entonces había siempre una mujer para que no me olvide del instinto. Había una mujer con una sonrisa que me perseguía por todos los pensamientos y los rincones. Y con el viento en la bicicleta se ponía más insistente. Con el sol y con la luna. Había dos veces una mujer; Una vez cuando la veía; hermosa, de adelante, de atrás y de los costados emanando sonidos hermosos perfectamente ecualizados. Y otra vez cuando sin verla, la sentía por adelante, atrás y en los costados. Había unas cuantas veces, una mujer que me inundaba. Y salían las flores y las ciruelas. Había una vez una mujer en el medio de mi frente y de mi lengua que desparramaba rojos. Pero un día, colorín colorado, se destiñó. Se me salió por algún agujero.